Créditos fotográficos: Paulo Ueti

 

Durante la COP30 en Belém, el reverendo Dr. Rodrigo Espiúca se adentró en un panorama en el que la fe, la justicia y la esperanza convergían con una claridad inusual. La iniciativa Ecuménica e Interreligiosa Tapiri, promovida por la CESE (Coordenadoria Ecumênica de Serviços), y ubicada en la Catedral de Santa María, se convirtió en un símbolo vivo de lo que la colaboración puede lograr cuando las comunidades eligen el coraje por encima del silencio y el diálogo por encima de la división. Reflexionando sobre su papel, Rodrigo afirmó: «Tapiri es la puerta a través de la cual el diálogo puede ejercer su mejor influencia, abriendo caminos para la confianza, la cooperación y la defensa compartida de la vida». 

Créditos fotográficos: Paulo Ueti

A lo largo de la semana, trabajó junto a líderes indígenas, comunidades quilombolas, redes juveniles, socios ecuménicos y compañeros anglicanos de todo el mundo, ayudando a tejer una narrativa en la que la salvaguarda de la creación es inseparable de la salvaguarda de la dignidad. Una de sus convicciones más profundas dio forma a su compromiso: los pueblos indígenas no deben quedarse al margen de las negociaciones mundiales sobre el clima. Como él mismo explicó: «Las voces indígenas no son opcionales, sino esenciales para salvaguardar la creación, porque hablan desde relaciones ancestrales con la tierra que el mundo necesita urgentemente honrar». 

El abrazo abierto de Tapiri ofreció uno de los espacios más vibrantes de reconocimiento mutuo y cooperación interreligiosa en todo el panorama de la COP30. También amplificó la visibilidad del Bosque de la Comunión, cuyo espíritu de cuidado de la creación resonó fuertemente entre los socios de toda la Amazonía. Al conectar el discipulado con la acción ecológica, la iniciativa abrió nuevas oportunidades de promoción, fortaleciendo alianzas, informando las conversaciones sobre políticas y posicionando el compromiso anglicano como un puente entre el testimonio de base y los compromisos climáticos globales. 

La experiencia de Rodrigo en Belém no solo puso de manifiesto los retos que se avecinan, sino que también ofreció una visión esperanzadora del futuro, en la que el coraje colectivo y la colaboración sagrada aún pueden inclinar la balanza hacia un mundo más justo y sostenible. 

Por Rev. Dr. Rodrigo Espiúca