En marzo de 2026, representantes de diócesis anglicanas de América Latina se reunieron en Guatemala en el encuentro Hermenéuticas Decoloniales para la Justicia Socioambiental. El encuentro reunió a teólogas, teólogos, clérigos, estudiantes y líderes laicos comprometidos con la justicia socioambiental, la ecoteología y la defensa de los territorios y las comunidades. 

Una de las principales reflexiones del encuentro fue que el Bosque de la Comunión no es simplemente un programa ambiental. Es una forma de praxis eclesial, una manera concreta en que la Iglesia vive su misión en un tiempo de crisis ecológica, desigualdad social y conflictos territoriales. 

En el contexto latinoamericano, el cuidado de la creación no puede separarse del cuidado de las personas y de los territorios. Los bosques, los ríos y los ecosistemas estÔn profundamente vinculados a la vida de los pueblos indígenas, de las comunidades tradicionales y de las poblaciones rurales. Por eso, el Bosque de la Comunión en la región se entiende cada vez mÔs como una misión que integra restauración ecológica, reflexión teológica, acompañamiento comunitario e incidencia pública. 

El Rev. RodrigoĀ EspiĆŗca,Ā FacilitadorĀ del Bosque de laĀ ComuniónĀ para lasĀ AmĆ©ricas,Ā destacó laĀ importanciaĀ de laĀ participaciónĀ activaĀ de lasĀ iglesiasĀ enĀ estaĀ misión: ā€œEl Bosque de la Comunión no se trata solo de plantar Ć”rboles. Se trata de plantar esperanza, restaurar relaciones y caminar junto a las comunidades que protegen la vida y el territorio. La participación de las iglesias es esencial porque esta no es solo una tarea ambiental, sino parte de nuestra misión cristiana y de nuestro testimonio profĆ©tico en el mundo.ā€Ā 

Como praxis, el Bosque de la Comunión se concreta de muchas maneras: plantación de Ôrboles y restauración de ecosistemas, educación ambiental en iglesias y seminarios, celebraciones litúrgicas centradas en la creación, apoyo a comunidades que defienden sus territorios e incidencia pública por la justicia ambiental y territorial. 

El Bosque de la Comunión representa, por tanto, mÔs que un proyecto. Es un signo de una Iglesia que camina con las comunidades, escucha el clamor de la tierra y el clamor de los pueblos, y participa en la misión de Dios de reconciliar toda la creación. 

Ā