Por el Prof. Dr. Mathew Koshy Punnackadu, asesor medioambiental de la Iglesia del Sur de la India y director del Departamento de Asuntos Ecológicos de la CSI MKD
A primera vista, la pregunta puede parecer extraña. Sin embargo, en las comunidades situadas alrededor del lago Edward, en África Central, la desaparición de los hipopótamos desencadenó en su momento una cadena de acontecimientos que acabó afectando a la salud humana. Esta extraordinaria historia nos recuerda que la biodiversidad no se limita a la protección de la vida silvestre. Se trata de proteger la delicada red de la vida que sustenta los ecosistemas, los medios de subsistencia e incluso el bienestar de nuestros hijos. Cuando una especie desaparece, las consecuencias pueden propagarse por la naturaleza de formas que nunca imaginamos.
El papel oculto del hipopótamo
Durante las décadas de 1960 y 1970, la región del lago Edward albergaba una de las mayores poblaciones de hipopótamos de África, con casi 29 000 ejemplares viviendo alrededor del lago. Estos animales desempeñaban un papel inesperado, pero vital, en el mantenimiento de la salud del ecosistema. Los hipopótamos pastan en las praderas a lo largo de la orilla del lago durante la noche. Durante el día, pasan largas horas descansando en el agua. Mientras están en el lago, liberan grandes cantidades de excrementos.
Un solo hipopótamo puede producir unos 25 kilogramos de excrementos al día. Estos excrementos actúan como fertilizante natural en el agua, aportando nutrientes como el nitrógeno y el fósforo. Estos nutrientes alimentan a las algas y al plancton, los organismos microscópicos que constituyen la base de la cadena alimentaria acuática. A su vez, estos diminutos organismos sustentan grandes poblaciones de peces, en particular de tilapia, que en su día prosperaban en el lago Edward.
Cuando desaparecieron los hipopótamos
A finales del siglo XX, la inestabilidad política y los conflictos armados en la región provocaron una caza furtiva generalizada de hipopótamos. Los mataban por su carne y por el material similar al marfil de sus dientes. Como resultado, la población de hipopótamos se redujo drásticamente, en más del 90 por ciento. En 2006, solo quedaban unos pocos cientos de hipopótamos en la zona.
La desaparición de los hipopótamos desencadenó una reacción en cadena ecológica inesperada. Al haber menos hipopótamos en el lago, el aporte de nutrientes procedentes de sus excrementos disminuyó drásticamente. Sin estos nutrientes, las poblaciones de algas y plancton se redujeron. Como resultado, la población de tilapias también disminuyó drásticamente.
Las consecuencias para los seres humanos
Para las comunidades que vivían alrededor del lago Edward, el pescado había sido durante mucho tiempo una fuente principal de proteínas. A medida que disminuían las capturas de pescado, las familias luchaban por obtener una nutrición adecuada. La escasez de proteínas tuvo graves consecuencias, especialmente para los niños y las niñas. Muchas sufrieron de desnutrición y enfermedades relacionadas, y la mortalidad infantil aumentó en varias comunidades.
Lo que al principio parecía ser la desaparición de una sola especie animal resultó ser una crisis que afectaba la salud y los medios de vida de las personas.

Los ecologistas suelen resumir esta cadena de la vida en una secuencia sencilla:
Praderas → Hipopótamos → Nutrientes en el lago → Algas → Peces → Seres humanos
La desaparición de una sola especie alteró todo el sistema.
La historia del lago Edward nos enseña una lección profunda: cada especie tiene un papel en la red de la vida. Incluso una criatura que pueda parecer insignificante —o incluso molesta— puede ser un participante esencial en el delicado equilibrio de la creación.
De esta manera, la biodiversidad funciona verdaderamente como una red viva. Cuando se rompe un hilo, todo el tejido de la vida se debilita. Por lo tanto, el tema «Clima y Biodiversidad» llama a la humanidad a redescubrir una verdad fundamental: proteger la biodiversidad no se trata solo de salvar la vida silvestre. Se trata de proteger la estabilidad de los ecosistemas, el bienestar de las comunidades y el futuro de nuestros hijos y nuestras hijas.

